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-¿Para qué sirve un piano?
-Para que los musicos tengan un lugar donde apoyar la cerveza.
-¿Por qué es mejor un piano de cola que uno vertical?
-El de cola hará mucho más ruido cuando lo tires por un acantilado.
Un pianista le pregunta a un amigo:
-¿Has escuchado mi último recital?
-¡Eso espero!
-En un recital de piano comienza a sonar un teléfono celular, con una melodía especialmente hortera y estridente. El pianista, sin perder la calma y sin dejar de tocar, mira al público y dice:
-Si es mi representante, dile que estoy trabajando.
Un pianista se encuentra con otro, y le dice:
- Cada vez que toco un piano en el que has tocado tú antes, lo encuentro destrozado.
- Es que yo, cuando interpreto, lo pongo todo.
- ¿Y no has probado a poner sólo las manos?
-Durante el recital de un pianista el público se va enfadando por momentos dado lo mal que lo hace. A los veinte minutos se levantan, le abuchean, le arrojan objetos, piden que se les devuelva el dinero… El empresario sale a disculparse y promete que les devolverán el dinero inmediatamente. El teatro se vacía, pero un espectador se queda sentado en el patio de butacas; el pianista se dirije a él y le da las gracias. El espectador le mira fijamente y le dice:
-Ya no tengo ni ganas de dar voces; lo malo es que soy inválido y le he tirado las dos muletas.
En el despacho del empresario de circo, y tras mucho insistir, un hombre consigue que le dejen mostrar su actuación: saca del bolsillo un ratón, un piano de miniatura y un periquito. El ratón se pone a tocar el piano, y el loro canta un aria de ópera. Fascinado, el empresario le contrata, pero antes de despedirse le pregunta:
-No se vaya sin decirme en qué consiste el truco.
-Es una tontería: el loro no canta; es que el ratón es ventrílocuo.
El famoso bandoneonista Aníbal Troilo tuvo un pianista que se despistaba muy fácilmente. Un día Troilo le dijo:
- Por favor, el tiempo.
Y el pianista contestó:
- Creo que está a punto de llover, maestro.
La maestra pregunta a los alumnos a qué se dedican sus padres. Al llegar a Jaimito, éste responde:
-Mi padre toca el piano en un prostíbulo.
La maestra, escandalizada, le dice que quiere hablar con su padre. Cuando éste va a verla, la maestra le reprende:
-No me importa a qué se dedique usted; pero, ¿no le parece que sería mejor que Jaimito no estuviera al tanto?
-¿Y cómo puedo explicarle a mi hijo, a un niño inocente, que su padre es abogado y vive de la política?
Un pianista se perdió en medio de un concierto, e incapaz de volver a la obra, preguntó al director:
- ¿Dónde estamos?
- En el Teatro Real.